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A nuestros compatriotas salvadoreños en Canadá

Por José Manuel Ortiz Benítez

Los salvadoreños somos una raza especial, con costumbres y comportamientos muy distintivos que nos diferencian de los demás. Pero nuestros compatriotas salvadoreños en Canadá han desarrollado una característica peculiar: han aprendido a ver un duendecillo azul en la naturaleza, una especie de zipitllo invisible de nacionalidad canadiense que les lleva de la mano y les guía allá por donde van.

Los salvadoreños que se fueron a Canadá, la mayoría en los 80s y 90s, se establecieron en las 3 grandes ciudades canadienses, Montreal, Vancouver y Toronto, y ahí en esos lugares han renacido de sus cenizas a trancas y barrancas con esa fuerza, esa pujanza, ese sufrimiento y esa humildad que los salvadoreños heredamos de nuestros antepasados (Foto SEEM: Primera y Segunda Generación de Salvadoreños en Canadá).

EL zipitillo canadiense que han desarrollado los salvadoreños en su interior, tiene que ver con el espacio democrático, pacífico y plural que comparten con los canadienses, esos descendientes de aquellas colonias anglo-francesas que se establecieron al norte de las Montañas Apalaches en el siglo XVII en busca de libertad.

El entorno canadiense tiene otro espíritu, otra mecánica, otra función, cree más en el multiculturalismo, en la bendición de la diversidad, en las personas. Toronto, por ejemplo, es mucho menos agresivo y voraz que la ciudad de Los Ángeles, donde la raza salvadoreña se tropieza en cualquier esquina, especialmente, en las próximas al mítico MacArthur Park, en cuyo costado está aquel famoso edificio, the Park Plaza Hotel, donde Chuck Russell rodó La Mascara con Jim Carey en 1994. Dicen que en ese hotel trabajó un salvadoreño emigrado a Los Ángeles desde Sonsonate -al noreste de El Salvador- en el año 1925, cuando el Sr. Elks mandó a construir el edificio. En esa época, el MacArthur Park, era la zona más glamorosa de toda la costa oeste de EE.UU.

Ahora el viejo parque ha dejado atrás los encantos del glamour hollywoodense y se ha convertido en “la trinchera oficial” de los inmigrantes salvadoreños en su lucha por salvar el honor de pueblo trabajador migrante en el estado de California. Hay que recordar que el pueblo salvadoreño no ha emigrado por lujuria, sino por una guerra atroz que el propio Estados Unidos financió.

Por supuesto, aquí en Canadá los salvadoreños también tienen sus desafíos y sus problemas como inmigrantes, pero uno no ve a salvadoreños en la calle empujando una carretilla de pupusas delante de un semáforo, como recurso para alimentar a sus familias, como ocurre en otras partes. No es que eso sea indignante, la necesidad es la necesidad y el salvadoreño ha aprendido a enfrentarla con ahínco, sufrimiento y a veces naturalidad.

En Marzo de 2004, vi en Houston, Texas, en un barrio llamado South Gessner, al suroeste de la ciudad, a una familia salvadoreña tirando de un chasis, con cuatro trinquetes a cada lado, sobre dos ruedas, cual una carreta empujada por bueyes. Encima del artefacto ponía, “Minutas de Tamarindo un Dólar” a todo color.

En el 2006, vi en la ciudad de México a una pareja salvadoreña en una esquina en el barrio El Tepito mezclando tacos y pupusas, con dos criaturitas jugando al lado del tambo de gas.

Pero lo más sorprendente lo vi en San Salvador, el mismo día en que Mauricio Funes era coronado Presidente, por Su Señoría, el honorable Ciro Cruz Zepeda.

Antes de entrar al Centro Internacional de Ferias y Convenciones, vi a una mujer salvadoreña con un tanque de líquido caliente a sus espaldas, enredada con unos cables de plástico. Aquella mujer de mediana edad parecía que iba a fumigar un campo de hortalizas. En su cintura iba enganchada una muchachita despeinada de unos 2 años de edad. Dos metros más atrás, la perseguían dos sombras, dos muchachitos de entre 4 y 5 años de edad. Sobre el letrero de cartón que le colgaba del pescuezo ponía, “Café Caliente una Cora”.

Sentí una leve pulsación en la mano izquierda donde llevaba la cámara Canon 5D, pero al ver tan cerca las caras de aquellas criaturitas, decidí dispar hacia abajo, hacia la quebrada proveniente de El Boquerón, el volcán que ve todo lo que ocurre en San Salvador. Fue ahí, encima del puente de esa quebrada, donde casi me arrolla el compañero José Luis Merino, alias “Ramiro Vásquez”, quien iba montado en un Hammer oscuro, una especie de tanqueta urbana de alto lujo que usan los millonarios y terratenientes para amedrentar al resto de conductores.

Ahora me arrepiento de no haberle tomado la foto a aquella mujer y sus tres hijos. Aquí en Canadá, uno no ve esas escenas formidables de la vida, en donde las personas se juegan la existencia como sea, la indiferencia canadiense hacia los inmigrantes no llega a tanto.

EL zipitillo canadiense ha hecho que la Diáspora salvadoreña en Canadá se humanice, se conmueva, se solidarice y se comprometa de una manera ejemplar con las desgracias salvadoreñas. No hace falta poner ejemplos, son demasiados.

La comunidad salvadoreña de Canadá, quiere a su país, a su gente, a su cultura, son concientes de la gran tragedia salvadoreña.

Los salvadoreño-canadienses no olvidan lo que han dejado atrás y desean ayudar, por convicción, por compasión, por humanidad, por intereses altruistas, pero también quieren sentirse incluidos por su país de origen como lo están en las ciudades del país que los ha acogido.

El sistema canadiense, no es perfecto, pero indudablemente ha hecho que los salvadoreños crean en sí mismos, en las instituciones públicas que los representan, y en la necesidad de ayudar a los más débiles, tres principios que ya podríamos ir adoptando el resto de nosotros que componemos la pequeña gran raza salvadoreña.

Otros artículos de este autor aquí - José Manuel Ortiz Benítez es Editor de Salvadoreños en el Mundo
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5 comments :

  1. Donde sea que esté el salvadoreña se rebusca y sale adelante, empujando una carreta, o liderando una manifestación. Es verdad, somos una raza, pero no la salvadoreña, sino la mesoamericana

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  2. bendiciones a los salvadoreños en canada.

    Juan de la O

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  3. Felicitaciones salvadoreños en Canadá. Me enorgullece vuestro espíritu y obras. Viva El Salvador! Vivan los salvadoreños!
    Algo así desearía que pasara aquí en Chile.
    Atte. josé leandro flores

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  4. LOS CIPOTES DE AHORA ES EL REFLEJO DE NUESTRA TENACIDAD POR LA LUCHA DE NUESTRA IDENTIDAD DE PAIS EN LOS LUGARES Y CIUDADES DONDE NOS ESTABLECIMOS.

    FELICITACIONES A LOS JOVENES HIJOS DE SALVADOREÑOS Y SALVADOREÑOS POR DERECHO CONSTITUCIONAL SALVADOREÑO, NACIDOS EN CANADA.

    SU ESFUERZO, COMPROMISO Y SOLIDARIDAD CON LA COMUNIDAD HACE DE UDS UNA MULTIPLE IDENTIDAD CANADIENSE/SALVADOREÑOS QUE RESALTA NUESTRA CULTURA, SUEÑOS Y RETOS.

    ADELANTE CANADIAN-SALVADORANS!

    GREETINGS: VANCOUVER, QUEBEC, MONTREAL, TORONTO, ALBERTA.


    Jose Matatias Delgado Y Del Hambre.

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  5. Nuestra gente puja y llora, mientras la clase politica mira para otro lado.

    Hasta cuando van a demorar para bautizar en la ley la representación del departamento 15?

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