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El mártir perfecto vs. la impunidad

Monseñor Romero, el Mártir Perfecto
Por José Manuel Ortiz Benítez*

Después del cuarto gemido, la tarde del 15 de agosto de 1917, una jovencita de 20 años, llamada Guadalupe Galdámez, paría en un rincón de su humilde morada, en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, una frágil e indefensa criaturita salvadoreña quien, 62 años más tarde, estremecería la humanidad.

Oscar Arnulfo Romero Galdámez, como consta en sus partidas de nacimiento asentadas en la Alcaldía de San Miguel, 8 días después de su nacimiento, fue el amigo ideal, el vecino solidario, el digno representante de Dios, el hombre que murió en el altar defendiendo a los paupérrimos.

Monseñor Romero fue sencillamente un hombre de fe: leal a los principios del Señor y a los de la Humanidad.

Aquel tímido, sencillo, retrotraído y enfermizo muchacho de la década de los 30s, llegó a cultivar una efusiva pasión, una incansable perseverancia, una enorme gentileza, una sólida mezcla de caballerosidad y valentía en defensa de los reprimidos, cualidad que mantuvo en alto hasta el mismo minuto de su muerte.

El más implacable defensor de la dignidad humana en El Salvador, en realidad, pertenecía a otra raza, la raza de Oscar Arnulfo Romero.

Aquel Domingo de Ramos del día 23 de marzo de 1980, harto de tanta injusticia, sufrimiento, inmisericordia y desmadre, Monseñor Romero ajustó los micrófonos, alzó bien la mirada y disparó, directo a las conciencias de los represores, aquella valiente frase que le costaría la vida y que, años más tarde, se convertiría en hito universal de los Derechos Humanos:

"Están matando a sus mismos hermanos campesinos. Ningún soldado tiene que obedecer la orden de matar. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, les suplico, les ruego, les ordeno, CESE LA REPRESIÓN".

Los represores no tardaron ni 24 horas. El día siguiente –el 24 de marzo de 1980– hacia las 8:30 de la noche, el cuerpo médico de la Policlínica Salvadoreña lo dio finalmente por muerto, después que las monjas del Hospital la Divina Providencia intentaran, con más deseos que conocimientos, reanimarlo en medio de un charco de sangre.

Cuatro profesionales en el arte de matar, cumpliendo órdenes de un sicario mayor, le dispararon de frente mientras Romero se disponía a alzar el cáliz en la capilla del Hospital la Divina Providencia, en San Salvador.

“Monseñor Oscar Arnulfo Romero ha muerto a consecuencia de una hemorragia interna profusa debido a herida por arma de fuego en el tórax” rezaba el parte médico de la clínica.

Oscar Arnulfo Romero y Galdámez se había extralimitado demasiado en defensa de los salvadoreños más desamparados, por eso aquella noche del 24 de marzo de 1980 su cuerpo yacía tieso con un disparo en el pecho sobre una fría camilla de emergencia, de construcción sencilla, en la Policlínica Salvadoreña.

Desde el mismo instante de su asesinato, todos los esfuerzos para hacer justicia en su caso se habían estrellado siempre en el mismo escollo: el “no”, el “no” y el “no” rotundo a investigar el hecho y castigar a los asesinos por parte del gobierno salvadoreño.

Afortunadamente, la “justicia del no” se desmoronó el pasado viernes 6 de noviembre de 2009, cuando finalmente el estado salvadoreño envió una representación oficial a Washington para comprometerse ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo de la Organización de Estados Americanos (OEA), a realizar una investigación judicial completa para "identificar, juzgar y sancionar" a todos los autores, materiales e intelectuales, del asesinato de Monseñor Romero.

El hecho, por muy tímido que sea o perezca, no tiene precedentes en la historia de la justicia salvadoreña. Al caso de Monseñor Romero le pueden seguir otros, también emblemáticos, como la masacre de los Jesuitas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas o la masacre del Mozote y el Sumpul.

"Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño" vaticinó una vez Oscar Arnulfo Romero.

29 años después de su asesinato, el espíritu de ese espléndido ser humano que se jugó su existencia en la defensa de los más débiles, resucita en nuestras conciencias, desafiando las resistencias de aquellos que defienden la impunidad y devolviéndoles el aliento a aquellos que nunca perdieron la fe y la esperanza en esa justicia que un día defendió el mártir perfecto, Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, aquella indefensa criaturita nacida en el seno de una sencilla familia salvadoreña la tarde del 15 de agosto de 1917.

Otros artículos de esta autor AQUÍ - José Manuel Ortiz Benítez es miembro de Salvadoreños en el Mundo
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13 comments :

  1. Bonito relato. Indudablemente Mons. Romero hizo historia en ES y America.

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  2. Don Funes,

    Haga justicia el pueblo se lo agradecerá en la posteridad

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  3. Benitez,

    Tenga nuestras vendiciones por este magnifico relato sobre el hijo mas predilectos entre los predilectos de nuestra patria.

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  4. Para que se haga justicia primero los diputados tienen que derogar la ley de Amnistía de 1993 y dejar vía libre a los tribunales y la sociedad civil para investigar y castigar a los culpables.

    No es una cosa de derecha o de izquierda, es una cosa de justicia y combate a la impunidad

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  5. Una pregunta de caracter periodistico a los que piden justicia en el caso Mons. Romero. (ACLARACION: No condono la impunidad, y pienso que su asesinato fue abominable).

    Si se exige justicia por el asesinato de Mons. Romero, estarían dispuestos a que la gente de derecha exija/reciba justicia por los asesinatos, secuestros, etc. que el FMLN cometio durante la guerra?

    No estoy a favor / en contra del FMLN, ARENA, ni de la izquierda, o derecha, etc.

    Esta es simplemente una pregunta porque quisiera saber cual piensan que deberia ser la respuesta cuando el otro lado pida justicia para sus muertos.

    El Presidente Funes ha sido cauto en el tema de la amnistia, pienso, por esta razon...

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  6. Jorge,

    La Justicia no tiene opciones para discriminar entre crímenes cometidos por unos y crímenes cometidos por otros.

    Se llevan a juicio aquellos que cometieron crímenes cuyas pruebas superan el mínimo para aguantar la fase preliminar ante un juzgado para pasar después a la fase de instrucción.

    Resulta que los asesinatos y crímenes cometidos por el gobierno, los más emblemáticos, tienen esa base mínima.

    Si los crímenes cometidos por los ex guerrilleros también tienen esas bases mínimas y existen víctimas que se personen en la causa, no hay razón para hacer ninguna descremación entre cuáles crímenes se castigan y cuáles no.

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  7. En paz descanse finalmente nuesto heroe nacional

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  8. Mons. Romero es uno de nuestros orgullos nacionales, como flor en medio del pantano. En medio de un pueblo que conoce de crímenes y criminales horrendos, él brilla como un ser humano ecuánime, modesto y modelo de humanidad. Congratulaciones por la iniciataiva gubernamental que busca la verdad y la justicia para que nos sirva de lección que la última palabra no la tiene el odio ni la maldad, sino el altruismo y la bondad.
    José leandro flores.
    10 de noviembre de 2009.

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  9. Ya era hora que al menos haya una pequeña señal de hacer justicia en este caso de nuestro Monseñor, pero Don Jorge tiene razon, sera que los que cometieron algun crimen siendo miembros del FMLN estan dispuestos a enfrentar un juicio ?, sra por eso que no quieren drrogar la ley de amnistia ?, posiblemente ellos tambien tengan cola que pisar, pero ojala se haga justicia y al menos sepamos quienes fueron los autores intelectuales de tanta masacre de gente iocente , como en el caso de el mozote y otros, Todos sabemos que el sesino de monseñor fue el mayor D'abuison, pero nadie se atrebe a decirlo publicamente, ni mucho menos llebarlo a un juicio, como se sentirian los areneros si se encuentra oficialmente culpable a su semi dios Dabuison?

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  10. La investigacion sobre la muerte de un sacerdote y no solo sacerdote sino en el orden jerarquico, su jefe no es mas que un MAGNICIDIO.

    Hasta la administracion pasada, las autoridades Salvadoreñas se han hecho pasar por buenos gobernantes que a la larga ya podemos identificar su hipocresia y falacia vergonzante que les incrimina en sus funciones de encubrimiento oficial.

    Ahora la cuestion es diferente y lo demas sera cosa juzgada por los tribunales competentes de la nacion y tribunales Internacionales.

    El pueblo espera con ansias JUSTICIA !

    Veremos con todo claridad si desaparece el dirigente del arenismo el Fredy Caputo, si se enferma, le da un ataque al corazon o cerebral, o quiza, huya a algun pais del Hemisferio o lejos ahun para no ser puesto en las bartolinas de JUSTICIA SALVADOREÑA.

    TANTO EL AUTOR COMO EL ENCUBRIDOR TIENEN RESPONSABILIDADES PENALES CON LA JUSTICIA SALVADOREÑA.

    Asi es que Fredy, a poner las barbas en remojo porque tus dias ya estan contados. Como tambien los demas militares que participaron en el vil asesinato del Ministro de Jesus en El Salvador.

    COBARDE ASESINATO QUE MERECE SANCION,Y CONDENA PARA LOS HECHORES INTELECTUALES Y MATERIALES DE ESTE ACTO CONDENABLE.


    Jose Matatias Delgado Y Del Hambre.

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  11. Y para don Chepe, mi vecino, podemos incluirlo en la lista ?? a el lo mataron los guerrilleros, y hay pruebas, por haberle regalado tortillas a una patrulla del ejercito que paso frente a su casa.

    ahhh Y Roque Dalton?????????????

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  12. Que nos ha dejado Monseñor Romero?

    Su fe.

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  13. Recuerdo muy bien ese 24 de marzo porque ese mismo díaen el cantón Rosario Perico de Tenancingo velabamos a 13 personas, humildes campesinos asecinados por la Guardia Nacional a filo de machetes, en donde unos padres angustiados tubieron que presenciar la violación y muerte de su única hija y dos hermanos más. Debemos mantener la memoria histórica para que esos hechos no vuelvan a suceder en nuestra patria.

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