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25 años de paz en El Salvador Por Rebeca Grynspan Mayufis

El pasado 16 de enero acompañamos al Gobierno de El Salvador en la conmemoración del 25 aniversario de la firma de los Acuerdos de Chapultepec, la culminación de un largo proceso de negociación que puso fin a más de una década de guerra civil en el país. Como los demás acuerdos de paz en Centroamérica –y como el acuerdo recientemente aprobado en Colombia– se trató de una solución propia y negociada por los mismos salvadoreños, en el marco de la iniciativa de paz centroamericana, y en la que demostraron que el diálogo y la institucionalidad permiten alcanzar la salida a los más dolorosos conflictos.

Desde una óptica actual, es difícil imaginar cuán dura fue la segunda mitad del siglo XX en América Latina y cuánto se ha avanzado en construir sociedades más democráticas, prósperas, inclusivas y sostenibles. A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, prácticamente toda América Latina sufría alguna forma de violencia extrema. La guerra sacudía a Colombia, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Gobiernos militares presidían 12 de los 20 países latinoamericanos y las guerrillas operaban, en mayor o menor medida, en toda la región.

Yo pertenezco a una generación que recuerda claramente esa época. Aunque la guerra centroamericana nunca alcanzó en pleno el territorio costarricense, sí sentimos con fuerza sus efectos. Desde las olas de refugiados hasta las presiones extranjeras, desde las movilizaciones en las universidades hasta el impacto en la economía, la guerra era parte de la realidad durante mis años de juventud y el inicio de mi carrera profesional. Por eso soy consciente de la importancia de los Acuerdos de Chapultepec y de la necesidad de reconocer los logros de Centroamérica, aun en presencia de los desafíos pendientes.

Es cierto que El Salvador enfrenta todavía muy altos niveles de violencia e inseguridad ciudadana, pero también es cierto que han registrado adelantos considerables. En 1991, dos terceras partes de la población salvadoreña vivía en la pobreza. Hoy esa cifra se ha reducido a la mitad, al 34,5%. En 1990, su tasa de mortalidad infantil era de 60 por cada 1.000 nacidos vivos, una de las más altas de la región.

Hoy se ha reducido en tres cuartas partes, a menos de 16 por cada 1.000 nacidos vivos. En 1992, la tasa de alfabetización de las personas jóvenes en El Salvador era inferior al 85%. Hoy alcanza el 98%, en parte gracias a un incremento del 40% en el gasto público en educación (aunque sigue siendo bajo, en torno al 3,5% del PIB). La combinación entre el despeño económico y políticas públicas progresivas, permitieron que entre 1990 y 2014 El Salvador avanzara en el Índice de Desarrollo Humano a una tasa promedio anual del 1,02%, muy por encima de la media global de 0,73%.

Todo esto fue posible gracias a la paz, que no provee garantías ni certezas, pero genera las condiciones mínimas para el desarrollo humano de los pueblos, para el crecimiento económico estable, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental. Sin la voluntad política de las partes en el conflicto salvadoreño, sin la determinación de los negociadores, sin el respaldo de las Naciones Unidas y la comunidad internacional, y sin el apoyo decidido de la región latinoamericana (especialmente el rol que jugaron los procesos de Contadora y Esquipulas II), quizás aún seríamos testigos del horror de aquella guerra.

Hoy el pueblo colombiano también inicia su propio recorrido en el posconflicto. La aprobación del acuerdo de paz de Colombia convierte a América Latina en la única región del mundo donde ningún país se encuentra involucrado en un conflicto armado. El caso salvadoreño demuestra que la lucha por la paz inicia con el fin de la guerra, pero no se agota ahí. Nos falta mucho por construir una mejor convivencia ciudadana. Nos falta fortalecer el Estado de derecho y los sistemas de administración de justicia. Nos falta crear más oportunidades de movilidad social, que alejen a nuestros jóvenes de las calles y aprovechen su talento en las aulas, en los laboratorios, en las empresas y en los centros de arte.

Los retos pendientes son enormes y a ellos se añaden las incertidumbres que actualmente atraviesa el panorama global, pero, como bien dice el proverbio, incluso el más largo de los viajes inicia con el primer paso. Ojalá que la región se inspire en la paz para continuar avanzando, para derrotar finalmente la violencia en todas sus formas, para vencer la pobreza y la desigualdad, para construir un futuro de mayor armonía, prosperidad, desarrollo y seguridad para nuestros pueblos.

 Rebeca Grynspan es Secretaria General Iberoamericana.

El nacionalismo de Trump Por Timothy Garton Ash

Trump y los nacionalismos
Por Timothy Garton Ash

El poder relativo y la coherencia interna de Occidente se ven erosionados desde los dos lados del Atlántico. La garantía de seguridad y el efecto disuasorio de la OTAN con su presencia en Europa se debilita desde la propia Washington.

Esta semana hemos presenciado la llegada no solo de Donald Trump sino de una nueva era de nacionalismo. Trump se une a Vladíi mir Putin en Rusia, Narendra Modi en India, Xi Jinping en China, Recep Tayyip Erdogan en Turquía y otra veintena de líderes nacionalistas en todo el mundo. Theresa May quizá no sea nacionalista, pero el anuncio de que va a poner en marcha un Brexitduro refleja las presiones del nacionalismo inglés y servirá de estímulo a otros nacionalistas. No es nada nuevo, por supuesto, pero, precisamente porque hemos experimentado otros nacionalismos, sabemos que suelen empezar con grandes esperanzas y acabar en lágrimas.

Por ahora, los nacionalistas están celebrando la victoria de Trump. Paul Nuttall, el líder del UKIP, dice que está “tremendamente entusiasmado” por la llegada del nuevo presidente, y este le dice a Michael Gove en el Times de Londres que cree que el Brexit "va a ser una cosa magnífica". Hay una lamentable fotografía en la que Gove, partidario de la salida de la UE, alza el pulgar mientras mira a Trump con expresión aduladora y bobalicona, como un fan adolescente de Star Trek ante Patrick Stewart. La respuesta del vicepresidente del Frente Nacional francés al discurso de May sobre el Brexit fue: “Pronto llegará la independencia de Francia” .

Y en este mundo de mutua adoración entre nacionalismos, el poder relativo y la coherencia interna de Occidente se ven erosionados desde los dos lados del Atlántico: la garantía de seguridad y el efecto disuasorio de la OTAN con su presencia en Europa se debilita desde la propia Washington. Hemos visto el espectáculo asombroso de cómo los líderes de Rusia, Turquía e Irán se reunían para llegar a un cínico acuerdo sobre Siria. Los comentaristas turcos, partidarios de Erdogan, se deleitaban en el hecho de que ni Estados Unidos ni Europa estuvieran presentes. Ante la fotografía del apretón de manos entre los tres dirigentes, me acordé de la famosa caricatura de David Low en la que Hitler y Stalin se saludan en septiembre de 1939, quitándose el sombrero y haciéndose corteses reverencias sobre el cuerpo de un soldado muerto, y Hitler dice: “La escoria de la tierra, tengo entendido”, y Stalin: “El sanguinario asesino de los trabajadores, supongo”.

Es indudable que, cada vez que se menciona a Hitler, hay un riesgo inmediato de caer en la hipérbole. La interdependencia y el orden liberal internacional son mucho más sólidos hoy que en los años treinta del siglo pasado. Por eso el nacionalista y leninista Xi Jinping habló en Davos en defensa de una economía abierta y globalizada. Sabe que de ello depende el comportamiento económico de su propio país y, por tanto, la estabilidad de su régimen.

Cuando los representantes de estos países hablan sobre las relaciones internacionales evocan, en muchos aspectos, el mundo decimonónico de las grandes potencias soberanas que perseguían sus propios intereses nacionales. Escribo este artículo desde India, y aquí me he encontrado con varios comentarios recientes del ministro indio de Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, que son un ejemplo perfecto de lo que digo. Ante la perspectiva de que Trump estreche lazos con Rusia, Jaishankar dijo que “La relación de India con Rusia se ha desarrollado enormemente en los dos últimos años, igual que la relación entre nuestros líderes. Por consiguiente, una mejora de los lazos entre Estados Unidos y Rusia no va contra los intereses indios”. Bienvenidos a la versión sobria y realista del nacionalismo.

No obstante, por su propia naturaleza, los nacionalismos están seguramente condenados a chocar tarde o temprano. La insistencia de May en que el Reino Unido va a dejar el mercado único europeo acabará enfrentándola con los nacionalistas escoceses, que se deben al mandato aprobado por Escocia en referéndum: permanecer en la UE y, desde luego, en el mercado único. Además, los nacionalismos del siglo XXI están sometidos a grandes presiones, a un escrutinio permanente de los medios de comunicación y la opinión pública que habría espantado a Bismarck, Disraeli y el zar de Rusia. Incluso líderes autoritarios como Putin y Xi tienen que adaptarse.

El choque más peligroso es, con gran diferencia, el que pueda producirse entre China y Estados Unidos. En su comparecencia ante el Senado, el nuevo Secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, comparó el programa chino de construcción de islas en el Mar del Sur de China con la anexión rusa de Crimea y dijo que el nuevo Gobierno les diría a los chinos que “no les van a permitir el acceso a esas islas”. Mientras tanto, en India, el jefe del mando estadounidense en el Pacífico, el almirante Harry B. Harris, advierte que “India debería estar preocupada por el aumento de la influencia de China en la región. Si pensamos que la influencia tiene un límite, entonces, toda la influencia que tenga China, significa influencia que no tiene India”. Es decir, un juego de suma cero.

En parte, no estamos más que ante el baile habitual de las grandes potencias que se disputan el poder entre sí y con terceros países. Pero no hay que perder de vista la posibilidad de un enfrentamiento naval o aéreo fortuito en algún lugar de los mares del sur o el este de China. Y entonces deberíamos hacernos esta pregunta: ¿tienen Trump y Xi la sabiduría, la capacidad de gobernar, los asesores sensatos y -— cosa importante-— el margen interno de maniobra para alejarse del abismo? Ahí es donde el carácter de Trump, irascible, intimidatorio y narcisista, podría ser perjudicial. En cuanto a Xi, con una personalidad mucho más estable, hasta tal punto ha depositado su legitimidad como “líder fundamental” en su “sueño chino” (es decir, que China vuelva a ser grande), que sufriría grandes presiones para no retroceder. Ya sea por motivos psicológicos, políticos o ambos, los llamados hombres fuertes suelen pensar que no pueden permitirse el lujo de dar muestras de debilidad.

No, no estoy prediciendo la Tercera Guerra Mundial. ¿Pero una variante de la crisis de los misiles cubanos en el siglo XXI? Perfectamente posible. Así que no nos hagamos ilusiones. En la montaña mágica de Davos, el portavoz de Trump, Anthony Scaramucci, intenta convencernos con su labia de que todo va a ser estupendo. Dice que “el camino al globalismo para el mundo pasa por el trabajador estadounidense” y que "el cambio total" de Trump va a ser “un factor positivo en nuestras vidas”. No nos dejemos engañar. Nos esperan unos años peligrosos y turbulentos, y más vale que estemos preparados para ellos.

Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, donde dirige el proyecto freespeechdebate.com, e investigador titular en la Hoover Institution, Universidad de Stanford. Su último libro es Free Speech: Ten Principles for a Connected World.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Donald Trump empieza su mandato desmontando el Obamacare

Donald Trump aprobó la noche del viernes su primer decreto como presidente de Estados Unidos. El objetivo fue una de sus enseñas de campaña: la reforma sanitaria del mandatario saliente, Barack Obama. La orden ejecutiva, que Trump firmó en el Despacho Oval tras finalizar el desfile presidencial, insta a los departamentos gubernamentales a flexibilizar la regulación relacionada con el llamado Obamacare, mientras el Congreso debate cómo derogar y reemplazar la ley.


 El decreto pide a las agencias que “alienten el desarrollo de un mercado abierto y gratuito” sobre servicios sanitarios, y permite anular provisiones de la ley que impongan cargas fiscales a los Estados y sus ciudadanos.

Poco después de la toma de posesión de Trump, la página web de la Casa Blanca recogía el listado de prioridades del nuevo presidente, que suponenun repliegue de Estados Unidos para centrarse más en sus problemas nacionales: recortes fiscales, derogación de regulaciones energéticas que obligaban a reducir emisiones contaminantes, impulso al proteccionismo comercial, refuerzo de las Fuerzas Armadas y la lucha contra el crimen, y un muro en la frontera con México contra la inmigración irregular. En política exterior, aboga por un plan “agresivo” contra el yihadismo. El republicano promete que los ciudadanos guiarán su política y dejarán de ser los “olvidados”.

Su equipo también eliminó de la página oficial de la Casa Blanca casi todas las menciones a las políticas de cambio climático. El movimiento no ha llegado por sorpresa. De esta forma, cumplía su promesa de hacer retroceder la política de Obama al respecto. Además, la página se ha remodelado: también se han eliminado los planes sobre los derechos de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales (LGTB) y el resto de páginas en las que se informaba de las políticas del anterior presidente, informa The New York Times.

Obama: “Esto no es un punto en la historia de América, es una coma”
ESPECIAL Las opiniones del nuevo presidente de EE UU sobre todos los asuntos
El republicano firmó además los dos primeros nombramientos de su Gobierno, después de ser aprobados por el Senado: los generales retirados James Mattis como secretario de Defensa y John Kelly al frente del Departamento de Seguridad Interior. Ambos juraron el cargo en una ceremonia con el vicepresidente Mike Pence.

A Trump le quedan 13 jefes de departamento pendientes de ser confirmados por el Senado. En su primer día como presidente en 2009, Obama ya tenía a siete secretarios de su Gobierno oficialmente nombrados. A la espera de su aprobación por los legisladores, los departamentos tienen secretarios en funciones procedentes de la anterior Administración. Por ejemplo, el que era subsecretario de Estado con Obama, Tom Shannon, es ahora el jefe en funciones de la diplomacia estadounidense.

En su primer comunicado presidencial, Trump elogió los nombramientos de Mattis y Kelly, e instó al Senado a cumplir su “obligación constitucional” y confirmar “con rapidez a mis altamente cualificados nominados para el Gobierno”.

“Estuve muy ocupado, pero estuvo bien. Un día precioso”, dijo Trump, sobre su investidura, en unas breves declaraciones a la prensa en el Despacho Oval, que sufrió sus primeras modificaciones tras la salida de Obama. Las cortinas grises situadas detrás del escritorio han sido sustituidas por unas doradas. Y además colocará un busto del ex primer ministro británico Winston Churchill.

En paralelo a la firma de la orden ejecutiva (decreto) sobre la reforma sanitaria, el nuevo jefe de gabinete de Trump, Reince Preibus, difundió un memorando en que insta a todas las agencias a congelar cualquier nueva regulación, según explicó el portavoz Sean Spicer.

El freno a regulaciones y a Obamacare eran dos iniciativas que se daban por descontadas en las primeras horas del republicano en la Casa Blanca.

En varios documentos difundidos este viernes por la Casa Blanca, el equipo de Trump da algunos detalles sobre sus políticas económica, exterior y comercial. En energía, aboga por rebajar los límites contaminantes, pero no hay mención al Acuerdo de París contra el cambio climático, del que el republicano ha dicho que podría retirar a EEUU.

También llama la atención la escasa referencia a la política migratoria, más allá de prometer deportar a los inmigrantes indocumentados con antecedentes delictivos. Sobre el muro fronterizo con México, emblema de campaña, Trump reiteró la semana pasada que iba a construirlo y que preveía que lo pagara el país vecino.

Sí se mantiene la promesa de sacar a EE UU de la Asociación Transpacífica, el acuerdo de libre comercio con 11 países del Pacífico. El magnate, que hizo del proteccionismo una enseña electoral, considera el TPP un “desastre” y aboga por negociar acuerdos bilaterales. También apuesta por revisar el NAFTA, el acuerdo de libre comercio con México y Canadá, y amenaza con salirse del tratado si los otros dos países se oponen a renegociarlo.

En política exterior, Trump aboga por la doctrina de “paz mediante la fuerza”, un guiño a la estrategia estadounidense durante la Guerra Fría, abanderada por el expresidente Ronald Reagan. “Este principio hará posible un mundo estable, más pacífico con menos conflictos y más terreno en común”, señala uno de los informes de la Casa Blanca.

Pese a alejarse del multilateralismo, insignia de la presidencia de Obama, y de la idea de EE UU como faro moral, el texto defiende la vía diplomática en el tablero internacional y hablar con enemigos, como ha hecho Obama con Cuba e Irán. “El mundo debe saber que no vamos al extranjero en busca de enemigos, que siempre estamos contentos cuando viejos enemigos se convierten en amigos, y cuando viejos amigos se convierten en aliados”, sostiene la nueva Administración.

Fuente: EPS

Quién pondrá la mano de obra del muro de Trump?

Por José Manuel Ortiz Benítez

Parte del aparataje que sostendrá a Donald Trump y a John Roberts, el juez que le administrará el juramento en el cargo, está hecho con mano de obra latinoamericana.
Nada en la construcción se mueve en esta ciudad de poder imperial sin la mano de obra latinoamericana. La emblemática Torre del Servicio Postal en la avenida Pennsylvania, ahora convertida en hotel 5-estrellas, The Trump International Hotel,  es ejemplo de ello. “La mayoría de los que trabajamos aquí somos de El Salvador”, gritó el salvadoreño Ramón Álvarez, de 48 años de edad, desde una ventana en el 8º  piso, durante una protesta estudiantil.

Los latinos (como se les llama aquí en estas tierras a los latinoamericanos), comandados generalmente por un capataz blanco, son como hormigas, trabajadoras, humildes, incansables, sacrificables a la hora de completar cualquier proyecto de construcción que se les eche encima.

Cuando un nuevo edificio brota en la ciudad, como un champiñón en el campo, se debe a la laboriosidad, la tenacidad, la habilidad constructora de esas trabajadoras hormigas latinoamericanas. Esta gente ha aprendido a hacer bien el trabajo y aguanta lo que sea: frio, calor, calambres de piernas, o el sacrificio final: los accidentes mortales.

En construcción, ya sea autopistas, urbanizaciones,  reparaciones  de andén, o el tejado nuevo  en la casa del vecino, ahí están los bad hombres con su herramienta en mano listos para transformar el proyecto encargado en una obra de utilidad.

Según la Oficina Nacional de Estadística de Trabajo (Bureau of Labor Statistics), los trabajadores latinos representan el 38% de toda la fuerza laboral del sector de la Construcción a nivel nacional. Ningún otro grupo racial tiene tanta presencia en la masa laboral de la construcción en EE.UU.

Hay subsectores de la construcción, por ejemplo, la remodelación de espacios residenciales, el asfaltado  de calles y autopistas, la cimentación y levantamiento de muros, el mantenimiento de edificios, etc., donde prácticamente toda la masa laboral está  integrada por trabajadores latinos.

La existencia de Donald Trump está edificada alrededor de la construcción. Al hombre le encanta la construcción, pero no siempre paga.  Juan Carlos Enriquez le hizo un trabajo en su Campo de Golf El Doral en Florida. Hasta la fecha, Juan Carlos no ha podido cobrar por la obra realizada. Ahora le dice al mundo que el presidente  de EE.UU le debe $300,000 por un trabajo de pintura.

La Torre Trump en la Quinta Avenida, en Nueva York,  su buque insignia, su casa, el espacio de trabajo donde instaló el equipo de transición, fue erigida por mano de obra latina y polaca, entre ellos muchos indocumentados, quienes sostienen que Trump les debe un puñado de horas extras. Cuando es para su propio beneficio, a Trump le importa un comino si la masa laboral que emplea en sus proyectos es legal o ilegal, lo que le importa realmente es ganar.
 
Ha ganado las elecciones de EE.UU. haciendo una promesa firme de construir un muro de contención humana en la frontera con México y dada la alta presencia latina en el sector de la construcción y el grado de dureza y complejidad que requiere  la obra prometida por Trump, lo más probable es que, si el muro se construye, sean los propios latinos los que tengan que mudarse al desierto y poner el lomo para construir la obra y, como hemos visto en el pasado, de las muchas obras que hace Donald Trump, algunas nunca las paga.

José Manuel Ortiz Benítez es columnista salvadoreño en la ciudad de Washington, DC. Twitter: @jjmmortiz

México en llamas

JOAQUÍN VILLALOBOS*

Con el gasolinazo la violencia ha estallado de forma artificial; no se trata de protesta espontánea, sino organizada. El país fue sorprendido por una densidad criminal que durante décadas ha crecido, ha penetrado en el Estado y se ha fortalecido

En el año 2006, la capital del estado de Oaxaca, en México, estuvo bajo control de organizaciones de extrema izquierda que mantuvieron una rebelión callejera durante casi seis meses. El gobierno estatal abandonó posiciones y se estableció en el exilio. En ese momento, si Oaxaca hubiese sido un país, podría haberse proclamado el triunfo de una revolución. Finalmente, en noviembre de ese año, miles de policías federales, sin utilizar armas de fuego, pudieron recuperar la ciudad luego de varios días de enfrentamientos en las calles.

La ruta más fácil para explicar un hecho es buscar un culpable y olvidar procesos que han dado origen a fenómenos que fueron largamente encubados. El llamado gasolinazo, por el aumento de precio a la gasolina, ilustra nítidamente esto: se han producido grandes protestas e incontables saqueos en muchos estados y nadie sabe si fueron espontáneos, organizados o coyunturales.

El objetivo de este artículo no es abordar la legitimidad o no de las protestas, sino señalar que en México existe una violencia política creciente. A diferencia de Venezuela, donde los saqueos ocurrieron resultado de la desesperación de la gente por la escasez y el hambre, en México no hay relación directa entre saqueos y aumento al precio de la gasolina.

En el desarrollo de una protesta, la violencia puede aparecer luego de una fase expansiva o como reacción a una represión desproporcionada que la estimula. Por mucha rabia o redes sociales que existan, el salto de lo demostrativo a lo violento no ocurre de la noche a la mañana. Con el gasolinazo la violencia ha estallado de forma artificial e incluso con rechazo de la mayoría de quienes protestan. No se trata por lo tanto de violencia espontánea, sino de violencia organizada. En México existen al menos siete grupos guerrilleros, algunos de los cuales tienen más de 40 años de existir. Por las condiciones del país, estos grupos tienen sus propias particularidades; no se trata de ejércitos guerrilleros en las selvas como en Colombia, sino que su expresión principal son frentes populares de composición social diversa, comunidades organizadas, control territorial y capacidad de movilización callejera.

Esta extrema izquierda subyace y despierta de manera brusca cada vez que encuentra una oportunidad para actuar. El 1 de diciembre de 2012, el presidente Peña Nieto tomó posesión en medio de protestas con una violencia similar a la actual. En agosto de 2013, más de diez mil personas, con una organización casi militar, cercaron de forma sorpresiva el edificio del Senado y luego hicieron lo mismo con el aeropuerto internacional. En el año 2014 fueron incendiadas las sedes de los partidos PRI y PRD en el Estado de Guerrero, un tiempo después el edificio de gobierno del Estado corrió la misma suerte y también intentaron quemar las puertas del Palacio Nacional en Ciudad de México.

En los últimos quince años han ocurrido numerosos hechos que incluyen bombas, sabotaje a oleoductos, secuestros, enfrentamientos armados, pero sobre todo protestas muy violentas en muchos estados. La capital de México es la ciudad con mayor número de demostraciones callejeras del mundo, ocurren 20 protestas diarias. Hay espacios públicos de la ciudad que han permanecido tomados más de un año. Nada de esto puede hacerse sin jerarquías, recursos y activistas a tiempo completo. En el año 2010 fue secuestrado Diego Fernández de Ceballos, líder político del PAN, por cuya liberación se pagaron varias decenas de millones de dólares. En otras ocasiones han ocurrido secuestros similares de importantes empresarios con pagos igualmente millonarios.

Si uno observa la violencia reciente en las calles de México —lo que se puede fácilmente ver en videos de YouTube— puede darse cuenta que esa violencia ni es nueva ni de origen desconocido. Se trata de grupos dispersos, sin articulación y seguramente con conflictos entre ellos que se montaron en las protestas por el gasolinazo con mucha rapidez. Luego, seguramente, por efecto de imitación y competencia entre ellos mismos, sus acciones alcanzaron dimensión nacional. El resultado de esto será la radicalización de más jóvenes y el crecimiento de estas organizaciones. En algunas comunidades estos grupos organizan policías comunitarias que suplen la ausencia de Estado. La desaparición o matanza de estudiantes de Ayotzinapa en el año 2014, fue en realidad el resultado de la lucha entre gobiernos locales cooptados por el crimen organizado y organizaciones populares controladas por grupos de extrema izquierda.

No hay estudios sobre las guerrillas mexicanas que ayuden a dimensionar el problema; no hay políticas para que abandonen la violencia, participen en opciones partidistas y se reinsertan a la legalidad; tampoco hay planes para combatirlos y ni siquiera un reconocimiento serio de la existencia del problema. Sus frentes han aprendido a movilizar de forma sincronizada a miles de personas sin ser detectadas y es común que frente a sus acciones violentas no haya respuesta. Todo esto ha derivado en una impunidad callejera que ya se volvió sistemática, creciente y de alto impacto político.

En los últimos 15 años México ha enfrentado una violencia delictiva que ha dejado más 100.000 muertos. Muchos han culpado a los últimos dos gobiernos por esto y han definido a las drogas como la causa del problema. Por sentido común, es obvio que las organizaciones criminales que han generado una violencia tan persistente, extensa y prolongada no nacieron en un día. México fue sorprendido por una densidad criminal de grandes proporciones que durante décadas se mantuvo creciendo, penetrando al Estado, fortaleciéndose y buscando oportunidades. Fue hasta que esa densidad criminal rebalsó, estalló y se volvió inocultable cuando se comenzó buscar la causa y al culpable. Con el fenómeno guerrillero frentista de extrema izquierda viene ocurriendo exactamente lo mismo, tiene más de cuarenta años de existir, asustó con Chiapas en el año 94 y ahora sorprende con saqueos en 25 Estados.

Un artículo de Luis Rubio cuenta que el presidente Adolfo Ruíz Cortines, quien gobernó México en los años 50, tenía dos carpetas en su escritorio: una decía “problemas que se resuelven solos” y la otra “problemas que se resuelven con el tiempo”. México tiene suficientes capacidades políticas, materiales e intelectuales para enfrentar las amenazas que padece, pero el primer gran paso que debe dar es superar la vieja cultura política. En la nueva realidad no hay problema que se resuelva solo y cuando no se lo resuelve, crece.

Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y asesor del Gobierno colombiano en el proceso de paz con las FARC..

Viviendo con Donald Trump

Por NICOLÁS HERNANDO DE LARRAMENDI

La victoria de Donald Trump el pasado mes de noviembre generó fuertes reacciones en las capitales europeas, desde la sorpresa, pasando por la alegría de algunos, hasta el estupor. La tormentosa transición de poderes y la primera rueda de prensa del presidente electo parecen ser sólo el prólogo de una presidencia que no dejará indiferente a nadie. Muchos han sido también los análisis y las explicaciones que desde noviembre han intentado que comprendamos mejor un resultado que no fue el esperado, y sobre el que las encuestas han fallado estrepitosamente. Para los europeos es difícil entender los movimientos y los cambios que se están produciendo en la sociedad estadounidense. Los politólogos y analistas han esgrimido diferencias en raza, en sexo, en edad, en clase social y en distribución geográfica para intentar explicar esta victoria. De todas ellas, el análisis más interesante es el relacionado con la globalización.

Los estadounidenses blancos de clase media y trabajadora han sido muy golpeados por la Gran Recesión. La deslocalización de las grandes industrias, que se han asentado en mercados donde los precios son más competitivos, ha dejado a una masa de trabajadores en paro y sin expectativas de futuro. Muchos de estos trabajadores recelaban de las políticas aperturistas y tolerantes de Barack Obama. Se oponen a la inmigración y a la acogida de refugiados por miedo a perder sus trabajos, y se agarran a un sentimiento nacionalista para reafirmar sus convicciones. Sienten además un profundo rencor contra las élites económicas del país, a las que culpan de su situación.

Este análisis también puede relacionarse con la victoria del Brexit en el Reino Unido, un resultado asimismo inesperado. El mensaje de los populistas es sencillo: “retomemos el control” clamaba Boris Johnson en los debates previos al referéndum. “Construyamos un muro, hagamos a América grande de nuevo” afirmaba Donald Trump sin tapujos. “Votadme, no tenéis nada que perder”. Sin entrar a valorar lo histriónico y polémico de su persona, Trump ha conseguido representar ese resentimiento contra el establishment. Y también ha despertado las esperanzas de estos votantes que, en efecto, pueden llegar a sentir que no tienen nada que perder, que el sistema no tiene nada más que ofrecerles.

Los recelos sobre la globalización son legítimos. Lo hemos visto en Europa en el último año, con la firme posición que ha mostrado la región de Valonia en las negociaciones del tratado de libre comercio con Canadá, o las manifestaciones que se han visto por toda Europa en contra del TTIP. Las consecuencias que pueden tener estos tratados sobre las condiciones laborales de los trabajadores europeos o los efectos que pueden tener sobre el medio ambiente son cuestiones que deben estar presentes en el debate. No obstante, el auge de la xenofobia o el cierre de fronteras no van a solucionar estos problemas, sino que más bien los agravarán. El cambio climático, por ejemplo, sólo se puede combatir si los Estados cooperan, si comparten objetivos, si tienen una visión global del problema, uno multilateralismo y una cooperación que han tenido en el Acuerdo de París un primer logro. El aislacionismo y el odio no pueden, por tanto, ser la salida.

El resultado de las elecciones estadounidenses, junto con la futura salida del Reino Unido de la UE y otros ejemplos, como el ajustado resultado de las elecciones presidenciales austriacas, confirman el vaticinio de muchos expertos. Nos estamos adentrando en un nuevo clash cultural, que tiene como protagonista a la globalización y a sus consecuencias. Se ha creado un nuevo conflicto ideológico a ambos lados del Atlántico, el que enfrenta por un lado a los defensores de sociedades abiertas al mundo con aquellos que propugnan sociedades cerradas, proteccionistas y en muchos casos contrarias a la diversidad cultural. Es en este segundo bando donde se encuentra Donald Trump, y su nacionalismo populista.

¿Qué puede hacer la Unión europea ante este nuevo escenario? Para empezar reafirmar su voluntad de integración. Los líderes europeos deben defender propuestas audaces y realistas que profundicen la integración en materias como la defensa, la lucha contra el cambio climático, la política exterior o la creación de oportunidades para los jóvenes. Y deben tener presentes ahora más que nunca los valores fundacionales de la Unión. El proyecto europeo siempre se basó en la tolerancia, la solidaridad y el respeto a las diferencias culturales. La crisis de refugiados ha puesto en cuestión estos valores. Las sociedades europeas deben ser capaces de progresar en su integración, y de aprovechar las ventajas de la globalización, sin que esto suponga un aumento de la intolerancia o el odio, o una desprotección de sus clases trabajadoras.

El reto es enorme, y para superarlo serán necesarias altas dosis de habilidad política y de convicción. El discurso populista y xenófobo debe ser combatido con ideas, propuestas y a través de un debate cargado de contenido ético. Los populistas se han cobrado ya dos importantísimas victorias, y este año pueden consolidar su triunfo en las elecciones presidenciales francesas. No hemos sido capaces de percibir los peligros de su discurso hasta que no hemos visto a uno de sus principales valedores entrando en la Casa Blanca.

Esta va a ser la disyuntiva que marque los próximos años y quizás las próximas décadas de nuestras vidas. Pese a lo incierto del resultado, existen motivos para la esperanza. Ni el Brexit ni Donald Trump fueron las opciones mayoritarias entre los votantes jóvenes, y la sociedad austriaca reaccionó para impedir la victoria del ultraderechista Norbert Hofer, a pesar de que alcanzó un histórico resultado.

Hillary Clinton dio un discurso de concesión sosegado y solemne. Cometió muchos errores en la campaña. Muchos se lamentaron de que no fuese capaz de romper ese último techo de cristal para las mujeres. Sin embargo, es de justicia reconocer que Clinton ya ha hecho historia, ya ha roto varios techos de cristal. Es la primera mujer que ha conseguido ser candidata a la Presidencia de Estados Unidos por uno de los dos principales partidos. Y es la primera mujer en la historia que ha ganado el voto popular en unas elecciones presidenciales en ese país. Sus defectos no deben ensombrecer lo que sin duda es una trayectoria cargada de logros.

En sus palabras dando las gracias a los que la apoyaron y reconociendo su derrota, la ex secretaria de Estado hizo a los jóvenes una última petición inspiradora: “esta derrota duele, pero por favor, nunca dejéis de creer que luchar por lo que es justo merece la pena”. Ella ya ha dejado su marca en la historia. Ahora es el momento de estar a la altura, y de empezar a dejar la nuestra.

Nicolás Hernando de Larramendi es miembro del Youth Council for the Future

Students shut down Milo Yiannopoulos speech event at UC Davis

A speech by right-wing commentator Milo Yiannopoulos' at UC Davis was over before it even started Friday after protests erupted, forcing sponsors to cancel the event.

Thirty minutes before the Breitbart tech editor was scheduled to speak, the UC Davis College Republicans canceled the controversial talk after consulting with the university's police department and student affairs officials.
Former pharmaceutical executive, Martin Shkreli had also been scheduled to speak at the event.

"I am deeply disappointed with the events of this evening," said Interim Chancellor Ralph J. Hexter.

"Our community is founded on principles of respect for all views, even those that we personally find repellent. As I have stated repeatedly, a university is at its best when it listens to and critically engages opposing views, especially ones that many of us find upsetting or even offensive."

Earlier in the evening, protesters blocked access to the venue. Surrounding the lecture hall with signs, they chanted, "Say it loud, say it clear, racists are not welcome here."

Report from CNN



PNC vuelve a capturar al ex fiscal Luis Martinez

Luego que del Juzgado Séptimo de Paz que, en agosto pasado, lo dejó en libertad  condicional, el ex fiscal Luis Martinez vuelve a ser capturado, esta vez es enviado a la prisión del  centro penal de Metapán.

La decisión fue tomada luego de que la Cámara Primera de lo Penal anulara el jueves el fallo del Juzgado Séptimo de Paz que, en agosto pasado, lo dejó en libertad  condicional.

La Fiscalía General acusa a Martínez de omisión de investigación y fraude procesal para presuntamente favorecer al empresario Enrique Rais en diferentes procesos judiciales a cambio de dádivas.

De acuerdo a las investigaciones,  mientras Martínez era fiscal general realizó al menos 56 viajes en aviones privados de Rais, quien es presidente de MIDES, la empresa más grande del rubro de recolección de basura en el país.

El Director de la Policía Howard Cotto, informó en su cuenta de Twitter, la atrde del viernes, que la institución había capturado al exfiscal y lo pondría a la orden del Juzgado Octavo de Instrucción.

Sin embargo, alrededor de las 5:30 de la tarde, cuando el exfuncionario fue llevado a la sede judicial aseguró, con semblante sereno, que él se había entregado a la Policía para enfrentar el proceso porque se considera inocente.

“Es una incongruencia porque ellos mismos me otorgaron el beneficio, la Cámara, y hoy me revocan las medidas habiendo cumplido las medidas. Sin embargo, como soy inocente, me entregué a la Policía”, declaró Martínez.

La diligencia judicial duró más de dos horas y al conocer que sería llevado de inmediato al presidio de Metapán (donde hay policías procesados o condenados), Martínez aseguró que la investigación en su contra es “una persecución por venganzas”, pero no reveló quiénes son las personas que estarían interesadas en perjudicarlo.

“No voy a ser trofeo de nadie.  No me arrepiento de haber sido fiscal de cara a la población y no me van avergonzar, ni van avergonzar a mis amigos ni a mis seres queridos”, declaró el exfuncionario, con tono  enérgico.

 Cuando los periodistas le preguntaron si no temía ser recluido en un presidio ( y no en las bartolinas policiales) manifestó que temores nunca ha tenido.

“He sido lo suficientemente valiente y por eso me entregué, para que vieran  que yo no soy ningún cobarde. Voy a enfrentar estas falsas acusaciones y voy a creer en el sistema de justicia y que no presionen a los jueces”, dijo Martínez.

Sin detener a otros seis

El jueves pasado, la Cámara Primera de lo Penal ordenó que junto con Martínez fueran recapturados Rais, el exjuez Noveno de Paz de San Salvador, Romeo Aurora Giammattei; el exfiscal auxiliar, Julio Arriaza González, el sobrino de Rais, Hugo Blanco,  y los abogados Wilfredo Ernesto Gutiérrez Ayala y Mauricio Antonio Álvarez.

Hasta la noche del viernes las autoridades no habían reportado estas detenciones.

Además, en su resolución, el Tribunal Superior ratificó la libertad condicional de los procesados Héctor Francisco Grimaldi Membreño, Luis Ernesto Peña e Hilda Trigueros.

La Cámara también dio el aval para que el proceso judicial continúe y en el mismo sean utilizadas las llamadas telefónicas que la Fiscalía General  intervino a los imputados, en las cuales, se supone, se indican los planes  realizado para tramitar procesos judiciales fraudulentos.

La Inteligencia Colectiva Por Jordi Soler

El bosque, esa masa de troncos, ramas y hojas que oxigena el planeta, tiene una vida subterránea que es toda una metáfora de la manera en que estamos interconectadas las personas en el siglo XXI. Las raíces de un árbol se extienden hasta alcanzar el doble del tamaño de su copa y están en comunicación permanente con las raíces de los otros árboles, con la sociedad que tienen a su alrededor, nos explica Peter Wohlleben, un experto en bosques que acaba de publicar un hermoso libro, The hidden life of trees (Greystone books, 2016), que algún editor con gusto por los libros raros y extraordinarios debería ocuparse ya de traducir a nuestra lengua.


Los árboles de un bosque conforman una sociedad de individuos interconectados entre sí que se comunican por las raíces gracias a una tupida colonia de hongos microscópicos, los micorrizas, que son una especie de filamentos que operan como los cables de fibra óptica con los que funciona internet. Estos filamentos conforman una enorme red, que existe desde el principio de los tiempos, parecida a la www, world wide web en inglés, pero que en este caso se llama wood wide web, la gran Red, no planetaria, sino de la madera, la red con la que los árboles de un bosque comunican cosas como la presencia de un pájaro pernicioso que está haciendo daño a un árbol, a un individuo de la comunidad; este árbol avisa por sus raíces, por medio de esa web de hongos microscópicos, del daño que le está haciendo este pájaro, para que el resto de los árboles comience a secretar una sustancia que al pájaro le parezca repelente.

También se comunican por arriba, cuando perciben el peligro, por ejemplo una jirafa que llega a rumiarles las hojas, el árbol libera un olor, una esencia que captan los otros árboles y que los hace secretar otra sustancia repelente. Pero a los olores se los puede llevar el viento y los mensajes que se envían por la red del subsuelo no tienen ese inconveniente.

Los árboles comunican sus mensajes con señales químicas que al viajar por la red de hongos se convierten en impulsos eléctricos que llegan a todos los individuos del bosque.Una cucharada de la tierra de un bosque contiene cientos de miles de los hongos que conforman esta red.

Cuando un árbol está enfermo, o algún leñador desaprensivo lo ha talado, la gran comunidad de semejantes que lo rodea, lo ayuda, lo mantiene vivo por medio de esa red que vibra debajo de la tierra, incluso cuando el leñador haya dejado solo la base del tronco, una porción mínima de lo que ese árbol había sido, la comunidad puede mantener con vida ese muñón durante décadas. El sistema del bosque recuerda, aunque en rigor lo precede, al sistema de seguridad social, donde el que cae enfermo es soportado por el esfuerzo, en este caso económico, de todos los individuos que conforman esa sociedad.

La WWW del bosque también sirve para las actividades cotidianas, los árboles se comunican para estar sincronizados a la hora de hacer la fotosíntesis, para gestionar los nutrientes y el agua de la tierra, se organizan para mantener viva y saludable esa comunidad donde hay individuos que proveen más que otros, hay individuos fuertes y otros débiles pero, nos explica Wohlleben, todos dependen igualmente de esa red; los árboles solitarios viven mucho menos años que aquellos que están conectados a la web del bosque.

El bosque nos enseña que para un individuo es mucho más difícil vivir solo, que tiene una vida menos azarosa quién permanece conectado a la Red. Y aquí es donde la vida de los árboles del bosque nos recuerda a nuestra vida de individuos íntimamente conectados a una red que, en el siglo XXI, comienza a ser la única forma de sobrevivir.

Ese flujo de información que circula por debajo de la tierra funciona como la inteligencia del bosque, así como el flujo de información de la Red a la que vivimos conectados es, según el filósofo Pierre Lévy, nuestra “inteligencia colectiva”, porque a través de la Red nuestra mente se conecta con las demás.

En la Red encontramos cualquier cosa, podemos visitar virtualmente un museo, pedir un taxi, leer el periódico o transferir dinero, pero ese acceso privilegiado a la inteligencia colectiva de nuestra especie también nos convierte en cautivos de la Red; basta encender el ordenador o el teléfono para quedar atrapado, es decir: expuesto.

Hace unos días un ex directivo del FBI advertía del poco control que existe sobre el número del teléfono, sobre esa cifra, que todos revelamos alegremente, por la que puede accederse a toda la información de un ciudadano, a sus mensajes privados, a los nombres de las personas que constituyen su círculos social y profesional, a los servicios u objetos que compra, a las rutas habituales por las que se desplaza, a su agenda al detalle, citas, eventos, espectáculos a los que asiste y viajes que tiene previstos.

Estar conectado a esa retícula ofrece, claro, un montón de ventajas, sin esa conexión la vida sería mucho más complicada, pero las facilidades que ofrece tienen un precio que todavía no conocemos del todo. La exposición que tenemos como partícipes de esa retícula nos vuelve transparentes; quién se mete a hurgar a fondo en nuestro número de teléfono, o en nuestro ordenador, obtiene un perfil bastante exacto de nosotros.

Si hoy se colapsara la Red caeríamos todos con ella; los únicos que se salvarían del colapso son los que viven al margen, los que no usan ordenador ni teléfono, los que siguen oyendo música en discos, leyendo libros de papel, conversando sin la intermediación de una pantalla y un teclado y guardando su dinero debajo del colchón; los que se han ido a vivir al bosque, porque quién está al margen de la Red está también al margen de la sociedad que ya vive irremediablemente interconectada. Esa es su fortaleza y su debilidad, como le pasa a los árboles del bosque.

El bosque nos ha enseñado, desde el principio de los tiempos, que es más difícil sobrevivir solo pero ¿era necesaria esta interconexión invasiva, promiscua, que no da tregua? Seguramente ya es tarde para preguntarse esto, hemos llegado hasta aquí prácticamente sin darnos cuenta y ya no es factible la marcha atrás.

¿Es la Red, de verdad, nuestra inteligencia colectiva? De momento parece la inteligencia que unos cuantos imponen a la colectividad. Si cayera una plaga en el bosque y se interrumpiera esa vida que palpita en el subsuelo, ¿no sería el árbol solitario el que al final sobreviviría?

R.I.P por Juan José Millás

John Berger fotografiado en Barcelona durante la inauguración de
la instalación de Isabel Coixet “De A para X”.
MARCEL.LI SÁENZ
Lo primero que el médico de John Berger preguntaba a sus pacientes era en qué lugar de su cuerpo vivían. ¿En qué parte de su cuerpo vive usted, en el hígado, en el corazón, quizá en el aparato locomotor o en el reproductivo? ¿Pasa más tiempo en el estómago que en los pulmones?

¿Prefiere para el invierno la región abdominal y para el verano la pélvica? ¿Cuántos días al año visita ese suburbio denominado espalda? ¿Cuánto tiempo se detiene en el culo? Configurado así el cuerpo como una ciudad de provincias, cabe preguntarse cómo nos trasladamos de unas partes a otras de su geografía y cuántas veces al día vamos, no sé, del cerebro a la columna vertebral o de los ojos a la boca, donde reina un músculo húmedo que llamamos lengua.

¿Se trataba acaso de una manera de averiguar dónde les dolía a sus pacientes o la pregunta se atenía a su significado literal? ¿Puede el yo, ese extraño ser que nos habita, instalarse indistintamente en las diferentes capas de la piel o en las entretelas de los intestinos? ¿Dónde se refugia cuando recibimos una mala noticia; dónde cuando nos dan una alegría; dónde cuando necesita estar solo? Pero si consideramos que, además de por un yo, estamos okupados por un tú que se manifiesta cuando se dirigen a nosotros (¿tienes fuego, por favor?) y por un él, que aparece cuando hablan de nosotros (ese tipo es imbécil), ¿en qué parte del cuerpo reside cada uno? ¿Comparten habitación, son vecinos, se comunican entre sí?

¿Dónde viven, en fin, mi yo, mi tú, mi él, dónde, incluso, mi ello? ¿Son todas esas instancias personales variedades de una sola o forman un grupo de pronombres que se disputan la misma víscera, la misma oquedad, la misma glándula? Muy agudo, el médico del difunto Berger. R.I.P.
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